Cap 3 - Monté tres negocios en una semana. No conseguí ni un cliente

 Diario de un emprendedor novato, entrada #3

Monté tres negocios en una semana. No conseguí ni un cliente.


Aquí llegó mi primera hostia de realidad.

En la entrada anterior os contaba cómo reaccionó mi entorno cuando decidí emprender. Unos pensaban que estaba loco. Lo que todavía no sabía es que el primer golpe no me lo iba a dar nadie de fuera. Me lo iba a dar yo solito.

Venía de ocupar puestos directivos en Inetum. Había trabajado con grandes compañías, me había sentado delante de comités de dirección a defender proyectos y sabía montar una presentación que se entendiera a la primera. Además, tenía una red de 9.000 contactos en LinkedIn.

Con ese equipaje, la pregunta parecía sencilla: ¿qué puedo vender?

Tres ideas casi sin pensar

Me salieron tres respuestas de golpe.


  1. CDO as a Service para empresas de retail por debajo de 100 millones de facturación. Empresas con muchísimos datos, sin un responsable de datos y sin saber muy bien cómo convertir todo eso en dinero.

  2. Formación. La misma que había estado impartiendo en Inetum, pero ahora por mi cuenta.

  3. Una membresía. Entrenaba todos los días. ¿Por qué no convertir eso también en un negocio?

Aquella primera idea acabaría convirtiéndose en lo que hoy llamo Margen Oculto: ayudar a las empresas a descubrir dónde están perdiendo rentabilidad y cómo recuperarla. Pero entonces había algo que todavía no entendía: tener una buena idea no significa tener un negocio.

Así que hice lo que me pareció más lógico. Me puse a construir.

La inauguración

En una semana tenía tres webs montadas. Una por negocio. Con sus textos, sus secciones y sus botones de contacto bien visibles.

Si tenéis curiosidad por ver los tres negocios, hoy están reunidos en josesuarezgrow.com, una cuarta web que hice para unificarlos todos. Sí, una cuarta. Ya veis por dónde iban los tiros.

Cuando publiqué las tres primeras, sentí algo muy parecido a cortar la cinta de una inauguración.

Recuerdo perfectamente lo que pensé: esto me va a traer clientes solo. Con estos tres negocios me forro.

En mi cabeza, la secuencia estaba clarísima. Publico las webs. La gente las ve. Alguien con un problema encuentra la solución que le ofrezco. Me escribe. Hablamos. Cerramos.

Tenía experiencia. Tenía contactos. Tenía tres propuestas bien presentadas. ¿Qué podía fallar?

Pues todo lo que pasaba después de publicar.

Una calle por la que no pasa nadie

Porque no pasó nada.

Nadie rellenó un formulario. Nadie escribió para preguntar precios. Nadie llamó a la puerta.

Una web es un escaparate en una calle por la que no pasa nadie.

Puedes tenerlo precioso, bien iluminado y con los precios a la vista. Si nadie pasa por delante, da igual.

Y lo peor no fue el silencio del primer día. El primer día es normal. Lo peor fue darme cuenta de que el silencio no era un retraso. Era la respuesta.

Aunque no la que yo temía. No me estaban diciendo «esto no le interesa a nadie». Me estaban diciendo «aquí no llega nadie».

Tenía tres webs, muchas ideas y ni una sola oportunidad comercial generada.

La parte que más escuece

Llevaba años ayudando a empresas a tomar decisiones basadas en datos. Mi trabajo consistía, literalmente, en decirle a otros: antes de invertir, mira qué dicen los números.

Y acababa de lanzar tres negocios sin haber contrastado aquellas tres propuestas con las personas que supuestamente iban a comprarlas. Había dado por hecho que, si yo veía el valor, los demás también lo verían.

Si un cliente me hubiera presentado ese plan en una reunión, le habría hecho tres preguntas incómodas y le habría mandado a casa a pensar. Pero cuando el plan es tuyo, las preguntas incómodas se te olvidan con una facilidad asombrosa.

También descubrí que 9.000 contactos en LinkedIn no son 9.000 clientes. Son 9.000 personas que, en su mayoría, ni siquiera sabían que yo había dejado de ser «el de Inetum» para empezar a vender algo por mi cuenta.

En la empresa, los clientes llegaban porque detrás había una marca, un equipo comercial y muchos años de relaciones. Yo me había llevado el conocimiento. Pero la maquinaria que lo ponía delante de quien pagaba se había quedado allí.

Y la experiencia, por sí sola, no llama a nadie por teléfono.

Tres páginas web

Con el tiempo entendí algo todavía más incómodo: ni siquiera necesitaba esas webs para empezar. Para vender hace falta alguien con un problema y una conversación. La web puede venir después. Yo lo había hecho exactamente al revés.

Pero construir webs tiene una trampa muy agradable. Te mantiene ocupado. Cada sección terminada parece un avance. Cada página publicada parece un paso hacia el negocio.

Y no lo es. Es estar ocupado. Que se parece mucho a avanzar, pero no es lo mismo.

Había dedicado una semana a construir tres negocios. O al menos eso creía.

En realidad, había construido tres páginas web.

Y todavía me quedaba lo más incómodo: salir a vender.

Pero eso os lo contaré en la próxima entrada.

José Suárez

¿Te apuntas al viaje?

Tengo 40 años y estoy aprendiendo a emprender.

En este diario voy a compartir lo que vaya descubriendo: las primeras ventas, las decisiones equivocadas, las dudas y, espero, alguna que otra victoria.

Si quieres ver toda la serie desde el principio, aquí tienes todas las entradas del diario.

Si te interesa descubrir cómo acaba esta aventura, puedes seguirme en LinkedIn o suscribirte al blog.

Nos vemos en el próximo capítulo.

Y si tienes una empresa y te pica la curiosidad por saber dónde se te escapa el margen y quieres aumentar tus capacidades analíticas, puedes echar un vistazo a Margen Oculto.

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