Cap 1. De físico a emprendedor novato: 40 años preparándome para empezar de cero
Diario de un emprendedor novato, entrada #1
De físico a emprendedor novato: 40 años preparándome para empezar de cero
Tengo 40 años. He dirigido equipos, he trabajado con grandes empresas y he dedicado buena parte de mi carrera a resolver problemas de negocio.
Y ahora resulta que soy un novato. Un emprendedor novato, para ser exactos.
Para entender cómo he llegado hasta aquí, hay que retroceder unos cuantos años.
Todo empezó mirando las estrellas
Me llamo José Suárez. Soy hijo único, vengo de una buena familia y crecí en el barrio de La Estrella, en Madrid. Quizá por eso, de pequeño lo que más me fascinaba eran precisamente las estrellas: mirar al cielo y tratar de entender cómo funcionaba el universo.
Esa curiosidad me llevó a estudiar Ciencias Físicas en la Universidad Complutense de Madrid. Lo que no sabía entonces es que mi carrera tendría poco que ver con las estrellas y mucho con aprender a buscarme la vida.
Mi primera escuela de negocios no fue una universidad
Para pagarme la carrera y mis gastos hice un poco de todo: daba clases particulares de matemáticas y física, trabajaba de seguridad en conciertos e impartía artes marciales en un gimnasio.
Tres trabajos sin aparente relación, y de los tres aprendí algo. Dando clases descubrí que saber mucho de un tema no sirve de nada si no eres capaz de explicarlo. En seguridad aprendí a mantener la calma cuando las cosas se complican. Y en el tatami entendí que el progreso no sale de un día brillante, sino de volver a entrenar cuando no te apetece.
En aquel momento solo necesitaba ganar dinero. Hoy sé que fue de lo que más me hizo crecer.
2012: mi primera empresa y mi primer fracaso
Terminé la carrera con un título, conocimientos y muchas ganas de trabajar. Lo que no tenía era ni idea de cómo encontrar empleo.
Así que un compañero de la universidad y yo montamos una empresa de diseño web y posicionamiento para pequeños comercios y restaurantes. Sobre el papel tenía sentido: había una necesidad, sabíamos hacer el trabajo y estábamos dispuestos a dejarnos la piel.
Pero era 2012, España estaba en plena crisis y conseguir clientes fue mucho más difícil de lo que imaginábamos. La empresa no arrancó.
Me quedé con una lección que tardaría años en valorar de verdad:
Puedes tener una buena idea, saber hacer el trabajo y esforzarte muchísimo. Pero si nadie está dispuesto a pagarte por ello, no tienes un negocio.
Del átomo al dato
Seguí formándome: un máster en Ingeniería Nuclear en el CIEMAT y prácticas en Westinghouse. Parecía que la carrera tomaba forma, hasta que las prácticas terminaron y volví a estar buscando trabajo.
Entonces apareció una oportunidad poco emocionante: un curso de bases de datos financiado por la Comunidad de Madrid. No era física nuclear ni investigación. Pero lo hice, y esa decisión cambió mi vida profesional.
Gracias a ese curso entré en Brichman y descubrí el Business Intelligence. De repente todo encajó. Ya no estudiaba partículas ni estrellas; ahora intentaba entender qué pasaba dentro de las empresas. Por qué vendían más o menos. Por qué un proceso no funcionaba. Por qué decisiones que parecían acertadas sobre el papel acababan generando problemas.
Había encontrado una profesión que unía dos cosas que siempre me habían gustado: resolver problemas y entender por qué ocurren.
De aprender a liderar
En Tinámica seguí creciendo: estudié un máster en Data Science en MBIT, dirigí proyectos y participé en montar una factoría de Business Intelligence desde cero. Y descubrí que, aunque me gustaba la tecnología, cada vez disfrutaba más ayudando a otros a crecer: ver a un compañero resolver algo que semanas antes le parecía imposible, o conseguir que un equipo entero creyera en un objetivo.
Después llegó Inetum. Entré como Manager de BI, pasé a Director de BI para Iberia y LATAM y terminé como Head of Business Development de Data & AI.
Ese último cargo tiene su ironía. El chaval que fracasó en 2012 porque no sabía vender acabó dirigiendo desarrollo de negocio en una multinacional. Ahí aprendí lo que me faltó entonces: entender qué le quita el sueño al cliente y convertirlo en una propuesta por la que esté dispuesto a pagar.
También comprobé que los problemas de las empresas rara vez son solo tecnológicos.
Muchas veces el problema no es la falta de datos o de herramientas, sino no saber qué decisiones tomar con ellos.
Por el camino creé con varios compañeros el podcast Club Ley Cero y empecé a dar sesiones de desarrollo personal para consultores. Acabaron convirtiéndose en formaciones para toda la empresa y me llevaron a dar charlas en la Universidad Politécnica de Madrid.
Y entonces llegó el ERE
Inetum inició un Expediente de Regulación de Empleo, y con él apareció una pregunta que llevaba tiempo rondándome:
¿Y si este es el momento de montar algo mío?
Ya lo había intentado en 2012, pero ahora era diferente. Tenía 40 años, una familia y una carrera que me había costado mucho construir. Y también algo que no tenía entonces: experiencia.
Eso sí, una cosa es desarrollar negocio dentro de una gran organización y otra muy distinta construir tu propia empresa. No hay una marca reconocida detrás, ni equipo comercial, ni nadie que se encargue de las facturas, el marketing o la administración. Todo depende de ti. Y eso impone respeto.
Quizá lo llevaba en la sangre
Mi abuelo fue emprendedor. Mi padre también. Y aunque yo seguí otro camino durante años, la idea de construir algo propio siempre me ha atraído: decidir mi rumbo, equivocarme con mis propias decisiones y comprobar si soy capaz de aportar suficiente valor como para que alguien pague por ello.
Así que decidí acogerme al ERE y volver a intentarlo. No porque fuera a ser fácil ni porque tuviera el éxito garantizado, sino porque no quería quedarme con la duda.
Volver a empezar, pero no desde cero
Decir que empiezo de cero no sería justo. Desde 2019 compagino mi trabajo con un rol de Chief Data Officer fraccional para una empresa, así que ya sé lo que es trabajar por mi cuenta para un cliente. Conozco cómo funcionan las empresas por dentro y a mucha gente que me he ido encontrando por el camino.
Y hoy tengo mucho más claro lo que quiero construir. Después de tantos años dentro de empresas, he visto que muchas pymes pierden dinero sin saber exactamente dónde ni por qué. Clientes que parecen rentables y no lo son. Procesos que consumen más de lo que deberían. Decisiones que se toman sin toda la información delante.
De ahí nace Margen Oculto, mi nuevo proyecto. La idea es sencilla: ayudar a las pymes a ver lo que sus números no les están contando y convertirlo en mejores decisiones.
Ya no se trata de conseguir mi primer cliente. El reto es otro: construir una cartera, un sistema comercial y unos ingresos que no dependan de una sola empresa. Y conseguir que alguien que no me conoce confíe en mí lo suficiente como para contratarme.
Porque saber hacer algo y conseguir que te lo compren son habilidades muy distintas. Lo aprendí en 2012, y sospecho que lo voy a volver a aprender muchas veces.
Bienvenidos al diario de un emprendedor novato
Cuando leemos historias de emprendedores solemos ver el resultado: la empresa que factura millones, la persona que dejó su trabajo y triunfó. Casi nunca vemos lo que pasa en medio. Los correos sin respuesta, las reuniones que no llevan a nada, las propuestas que no se convierten en clientes, los días en que te preguntas si estás haciendo lo correcto.
Eso es lo que quiero contar aquí. No vengo a dar lecciones sobre cómo emprender; bastante tengo con aprender yo. Voy a compartir clientes, ventas, decisiones, números y errores. Sin aparentar que todo va fenomenal y sin esconder los fracasos.
Tengo una pregunta que todavía no sé responder:
¿Seré capaz de construir un negocio que me permita vivir de lo que realmente me apasiona?
No lo sé. Pero voy a descubrirlo, y pienso contarlo.
Bienvenidos.
José Suárez
¿Te apuntas al viaje?
Acabo de empezar una nueva etapa y voy a contar lo que normalmente nadie cuenta sobre emprender: los aciertos, las equivocaciones, los clientes que llegan y los que nunca contestan.
Si te interesa descubrir cómo acaba esta aventura, puedes seguirme en LinkedIn o suscribirte al blog.
Nos vemos en el próximo capítulo.
Y si tienes una empresa y te pica la curiosidad por saber dónde se te escapa el margen y quieres aumentar tus capacidades analíticas, puedes echar un vistazo a Margen Oculto.

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